LA RAÍZ DE TODO MAL

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Location: Madrid, Madrid, Spain

Tuesday, August 15, 2006

La Raíz De Todo Mal

No me gustaría extenderme mucho en este relato; no es que quiera ocultar los hechos, pero aún siento escalofríos cada vez que pienso en ello.

Córcega es un lugar muy hermoso, una ciudad perfecta para pasar unas vacaciones tranquilas, un pequeño paraíso, excepto para quienes viven en su prisión central.

La vida entre rejas siempre resulta desagradable y no precisamente cómoda, pero no es eso a lo que me refiero. Por norma general unos brazos fuertes y un poco de ingenio es lo único necesario para sobrevivir en prisión, pero en aquella morada infernal (pues no encuentro mejor calificativo) lo único realmente importante es tener la suficiente fuerza de carácter para no volverse completamente loco. No penséis que se trata de una fanfarronada o de una historia ficticia. O pensadlo si queréis, pero espero que nunca tengáis que presenciar cómo, a través de un orificio practicado en la tráquea, se extrae la lengua de un persona y se la deja colgar como si fuera una corbata, mientras la persona, viva aún, se retuerce entre convulsiones antes de fallecer. Y espero, que si lo veis, no sea, al menos, en un niño de trece años. Y desde luego espero que ese niño no sea hijo vuestro.

En aquel lugar las torturas psicológicas superan con creces a las físicas. La visión de decenas de cadáveres disecados en posturas grotescas, imitando a las gárgolas de Notre-Dame, almacenados en un garaje infestado de ratas es mucho más impactante que el azote de un látigo sobre la espalda, o el calor de las llamas lamiendo tus pies. Los horrores que se pueden ver en la Prisión Central de Córcega son capaces de cubrir tus ojos con una nebulosa de dolor, locura, terror y repugnancia.

No puedo menos de dar gracias a mis verdugos por mi muerte. Recuerdo perfectamente aquel claro del bosque, rodeado de abetos y encinas, aquel olor a naturaleza, el brillo del sol sobre la piel, era casi como ser libre. Recuerdo como el acero de un afilado machete desgarró mi carne a la altura del vientre. Aún siento como mi sangre brotaba gota a gota, lentamente, y como la vida se me escapa también suspiro a suspiro. Al menos mi cadáver no fue destinado por aquellos villanos a formar parte de la galería de los horrores. Simplemente lo abandonaron para que se pudriese al calor estival. Probablemente habré servido de alimento a algún carroñero. Pero al menos soy libre.